Efectos positivos de la práctica físico-deportiva



Tras recoger conclusiones de los trabajos presentados en el Congreso Mundial de Deporte para Todos, celebrado en Finlandia en 1990, hacen especial hincapié en el valor del deporte para la formación integral de la persona, es decir, para todas y cada una de sus áreas del desarrollo, tanto para las físicas (forma física, salud y prevención de la enfermedad) como para las psicológicas (autoestima, personalidad, calidad de vida) y las sociales (relación con los demás, 136. 

¿Son los valores del deporte actual un medio educativo o de reinserción?

 Influyen sobre el desarrollo moral y la promoción de diversos valores sociales y personales. La actividad física nos es inmensamente útil para combatir las enfermedades de moda con alto nivel de mortalidad, como son las cardiovasculares, en cuya etiología se encuentra el sedentarismo y el desequilibrio, tensión física-inacción como factores de alta responsabilidad (García Ferrando, 2001; Bray y Kwan, 2006). Como señala Fox (2000).

La actividad física y el deporte son terapias no farmacológicas efectivas para reducir el estrés, los trastornos del sueño, depresión, ansiedad y otros deterioros que surgen a lo largo del proceso de envejecimiento; al mismo tiempo que aumentan la autoestima y el autoconcepto.

Así, por ejemplo, existe un importante consenso en las afirmaciones hechas por el Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos en cuanto a que el ejercicio: se encuentra asociado a la reducción de estados de ansiedad; a largo plazo, reduce manifestaciones y grados de como el neuroticismo; es un buen aliado para el tratamiento profesional de la depresión; favorece la reducción de varios índices de estrés; tiene efectos emocionales beneficiosos a lo largo de todas las edades y para todos los géneros.

La actividad física también parece ejercer efectos positivos sobre otras áreas del desarrollo humano. Field, Diego y Sanders (2001) concluyen que los estudiantes con mayor nivel de ejercicio presentan mejores relaciones con sus padres (en cuanto a intimidad, calidad en las relaciones, frecuencia de manifestaciones afectivas y apoyo familiar), menor depresión, emplean mayor cantidad de tiempo en actividades deportivas, menor uso de drogas y tienen mejor rendimiento académico que los estudiantes inactivos o sedentarios. Como puede apreciarse, son cada vez más numerosos los autores que coinciden en señalar la práctica física regular como un elemento generador de multitud de beneficios psicológicos y sociales. La evidencia acumulada sugiere que para la población general, la actividad física estructurada y planificada está asociada con beneficios psicológicos en cuatro grandes áreas: mejor estado de ánimo, reducción del estrés, autoconcepto más positivo y calidad de vida más elevada. Por supuesto, estos beneficios son aún más destacados en poblaciones especiales como las personas clínicamente depresivas o ansiosas, quienes padecen enfermedades coronarias, los mayores de edad y quienes padecen otras dolencias específicas. 

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